Los turistas que recorren las calles de Nueva York pasan la mayor parte del tiempo mirando hacia arriba, a la jungla de rascacielos que se eleva hacia las alturas. Sin embargo, el número 33 de Thomas Street no es como los demás edificios. Con sus 29 pisos y 170 metros en dirección a las nubes, no le falta altura, pero una segunda y atenta mirada revela su característica más significativa: no tiene ni una sola ventana.
Enclavado en el distrito de Tribeca, dentro de Manhattan, y propiedad de la compañía de

Con Warnecke, el edificio estaba en manos de uno de los arquitectos más notables del siglo XX en EEUU. Cuando se hizo cargo del edificio de Thomas Street, ya era muy conocido por su amistad con el clan Kennedy. Aunque fue en Chicago donde se forjó un nombre, recayó sobre sus hombros el importante encargo de diseñar la tumba de John F.Kennedy en Arlington, consagrada en 1967.

Más importante aún es la increíble resistencia de su estructura. Se diseñó para que pudiera ser autosuficiente durante dos semanas en caso de ataque nuclear y los suelos están reforzados para poder aguantar alrededor de una tonelada y media por metro cuadrado. Es una construcción de resistencia inusual, lo cual es de esperar en un edificio tan crucial para el buen funcionamiento de las telecomunicaciones de una nación.
Por supuesto, no hay nada construido por el hombre que pueda presumir de estar a prueba de fallos. A pesar de estar considerado como uno de los edificios más seguros del mundo, en septiembre de 1991, un error humano combinado con una avería del equipo y el fallo de los sistemas de apoyo y emergencia, dejó fuera de combate a toda esa enorme centralita. El resultado es que se bloquearon

El edificio Long Lines es un ejemplo de ese tipo de arquitectura absolutamente funcional que despierta sentimientos encontrados. No es ni el rascacielos más grande, ni el más alto ni el más avanzado técnicamente de los muchos que hay en Manhattan. De hecho, ni siquiera es habitable. Parece una torre medieval, una especie de baluarte al que hubieran retirado las murallas circundantes. No puede calificarse de bello –a menos que se tenga un extraño sentido de la estética-, pero sin duda sorprende. Es su aspecto inusual e intrigante lo que lo convierte en uno de los edificios más peculiares del mundo, una alternativa refrescante al tradicional y más fotogénico rascacielos de cristal y acero.
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