
La existencia de Sigiriya se debe a una tragedia. En 478 d.C., Anuradhapura, al norte, era todavía la gran capital del reino cingalés y en sus magníficos edificios se tejió una conspiración digna de las mejores leyendas. Kasyapa era hijo del rey Dhatusena pero, nacido de una consorte sin sangre azul, sus posibilidades legítimas de llegar al trono eran nulas. Sabiendo que su medio hermano Moggallana, más joven pero efectivo heredero real, sería el próximo monarca, Kasyapa encarceló a su padre y lo asesinó. Mogallana, viendo cómo se las gastaba su hermano, se apresuró a huir abandonando la isla y cruzando el estrecho de Palk hacia la India para reunir un ejército con el que arrebatar la corona a su hermano. Las cosas fueron despacio y le costó nada menos que 18 años reunir el ansiado ejército, tiempo más que suficiente para que Kasyapa construyera una inexpugnable fortaleza en lo alto de una roca de 180 metros de altura que se elevaba majestuosa sobre el bosque circundante. Como Mogallana no daba señales de vida, el usurpador pasó años añadiendo comodidades y anexos a las instalaciones estrictamente militares: templos, jardines acuáticos, cómodas estancias y eróticos frescos de hermosas mujeres que cautivarían la imaginación de poetas y visitantes.
¿Fue quizá la construcción de este palacio una penitencia autoimpuesta por el asesinato de su padre? ¿O más bien un lugar de hedonismo y placer pecaminoso? ¿Quizá un mundo cerrado de carácter mágico o místico? Sea como fuere, el rey no perdió de vista ni mucho menos el fin último de la fortaleza: rodeó una amplia zona con murallas de un tamaño nunca visto hasta entonces en Sri Lanka, cavó fosos y dispuso diversos artilugios defensivos. En lo alto de la roca se alzaba, totalmente inaccesible, la fortaleza. Los puestos de centinela de la misma se hallaban especialmente diseñados para que los guardias no se durmieran: dar un mal paso suponía despeñarse doscientos metros.
En el año 495 d.C.,cuando Mogallana por fin hizo acto de presencia en la llanura que se extendía frente a Sigiriya, Kasyapa salió a su encuentro montado en su elefante y seguido por su ejército. Las crónicas dicen poco sobre Kasyapa aparte de alabar el modo en que murió. Parece que estaba liderando la carga contra su hermano cuando su elefante sintió que iban directos hacia una zona pantanosa y giró hacia un lado. Las tropas, tomando ese movimiento como una retirada, se dispersaron presas de la confusión. Kasyapa se quedó solo frente a su enemigo y no se sabe si por locura, vergüenza, dignidad o sentido común, se rebanó la garganta con su propia daga para, a continuación, envainarla, desmontar del elefante y morir. Se desconoce si Mogallana quedó tan impresionado como los cronistas que contaron la historia, pero el caso es que liquidó a 1.000 miembros de la corte y trasladó la capital de nuevo a Anuradhapura, convirtiéndose en el nuevo rey de Sri Lanka, aunque eso sí, gracias a un ejército indio. Pero eso es otra historia....
Nos aproximamos a la gran roca y comenzamos a explorar los restos de la ciudad, el palacio y los jardines que se construyeron alrededor. Kasyapa era un loco genial, cruel y sediento de poder, pero también demostró ser un arquitecto de una sensibilidad extraordinaria. La estructura de la ciudad comprendía dos recintos amurallados a ambos lados de la roca. En el occidental aún se podían ver claramente los restos de un jardín acuático: un extenso sistema de estanques, fuentes y piscinas que se alimentaban de un cercano lago artificial. Estos jardines eran una bur

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Pintados sobre yeso con colores terrosos, muestran seres gráciles exhibiendo sus pechos en perfecta armonía con las bandejas de frutas que ofrendan. De un tamaño algo menor del natural, las mujeres aparecen retratadas en diversas actitudes (sosteniendo una flor o abriendo sus pétalos, portando una bandeja de flores…), poses seductoras en parejas o en solitario y mostrando profusión de lujosa joyería, vestimentas y maquillaje. Son representaciones realistas por cuanto la técnica utiliza efectos de perspectiva y sombreado; pero también se percibe un claro factor de idealización puesto que es poco probable que hace 1.500 años las mujeres del Sri Lanka mediev

Las apsaras eran seres divinos, consortes de los dioses, los grandes héroes y los reyes. Tuvo que haber sido una visión magnífica la de esta franja de roca de 140 metros de anchura y 40 metros de altura delicadamente pintada y coloreada en la que 500 mujeres flotaban como

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Sigiriya es, después de todo, un lugar espiritual, incluso aunque se incline hacia la sensualidad. Es una extraña, inseparable y egomaníaca mezcla de elementos militares, místicos, s
