span.fullpost {display:none;} span.fullpost {display:inline;} DE VIAJES, TESOROS Y AVENTURAS: Los géiseres de Islandia: naturaleza hirviente

sábado, 21 de noviembre de 2009

Los géiseres de Islandia: naturaleza hirviente

Las ricas tierras del suroeste de Islandia han sido tradicionalmente una de las partes más pobladas del país desde los primeros tiempos de la colonización vikinga. Hoy constituyen el centro turístico de la isla, ya que algunas de sus principales atracciones se sitúan a una cómoda distancia desde Reykjavík, unidas simbólicamente en un recorrido que se ha dado en llamar el “Círculo Dorado”. Durante la época estival, todos los días cientos de turistas completan este círculo en un día, con apenas unos minutos de parada fotográfica entre atracción y atracción (lo que se conoce como “parada japonesa”). Aquel día de agosto nuestro objetivo era uno de esos imanes turísticos: Haukadalur.

La mañana había amanecido brumosa y cargada de amenazas de agua. Nos dirigimos al encuentro del que quizá sea el fenómeno más popular de la isla y que recibió su nombre directamente de la lengua islandesa: géiser deriva del verbo gjosa, “brotar”. Islandia tiene unos 800 manantiales de aguas calientes, con una temperatura superficial que oscila entre 80 y 100 ºC. Unos cuantos de estos afloramientos, los géiseres, funcionan como auténticos surtidores, que arrojan periódicamente al aire un chorro de vapor y agua hirviendo. Casi todos los géiseres de Islandia se concentran en la zona termal de Haukadalur. Los más populares son Geysir (“el Gran Géiser”), que en sus mejores tiempos elevaba sus masas de agua hasta 60 metros de altura, y Strokkur (“recipiente para macerar la leche”).
El surtidor de Strokkur es el más regular de los grandes géiseres de la isla, con erupciones cada diez minutos en columnas de hasta veinte metros. Si observamos el fenómeno a cámara lenta, veremos que la masa de agua hirviendo sale con un súbito movimiento de torbellino para convertirse en un bulbo que se estira y estalla en millones de gotitas bajo el impulso de una gran presión. Una parte de las gotas se evapora en el aire, originando una pequeña nube que arrastra el viento. El agua de las gotas que caen vuelve a ser engullida por el orificio del géiser.





La razón de que el agua se caliente la hallamos en la formidable energía del subsuelo islandés. El gradiente geotérmico de nuestro planeta –la profundidad a la que hay que descender para que la temperatura ascienda 1ºC- es por término medio de 33 metros, pero en Islandia se sitúa en tan sólo 10 metros. Eso significa que en esta isla la temperatura normal de ebullición del agua (100 ºC) se alcanza descendiendo únicamente 1.000 metros.




¿Por qué brota el agua bruscamente? El agua hierve cuando la presión del vapor saturado en su seno supera a la presión exterior. En el caso del géiser, la columna de agua que llena la cavidad subterránea ejerce una presión hidrostática que se suma a la de la atmósfera. Eso sitúa la temperatura de ebullición del agua por encima de los 100 ºC, como ocurre en una olla exprés. El agua así sobrecalentada se encuentra entonces en un estado sumamente inestable, cuyo equilibrio puede alterarse por la mínima variación de presión o de temperatura. Cuando eso ocurre, el agua rompe súbitamente a hervir y el vapor se dispara hacia el orificio de salida. Uno de los géiseres de Islandia se conoce como Operrishola (“agujero del tiempo lluvioso”), pues sólo tiene energías para brotar cuando baja la presión atmosférica, es decir, cuando desciende el barómetro anunciando lluvia.



La erupción de un géiser puede inducirse artificialmente arrojando detergentes en su boca, que disminuyen la cohesión entre las moléculas de agua y facilitan así su ebullición. Es lo que se ha venido haciendo regularmente con el Gran Géiser, a fin de hacerle actuar ante los turistas. A mi entender, el truco es una burda domesticación de un fenómeno natural cuyo encanto reside precisamente en su contundente libertad de acción e inesperadas explosiones de actividad.



Hay que tener cuidado al caminar por la zona y no apartarse de los senderos trazados puesto que, a menudo, un terreno aparentemente firme cede con facilidad para engullir al incauto en algún estanque de agua hirviendo. A pesar de las señales que indican precaución, todos los veranos siete u ocho turistas tienen que ser atendidos a causa de quemaduras –en su mayor parte provocadas por su propia estupidez al introducir la mano para comprobar si el agua está tan caliente como parece, de lo cual fui testigo directo-.





Aunque conozcamos sus mecanismos, los géiseres siguen constituyendo un fenómeno fascinante de la naturaleza, demostrándonos que la tierra permanece muy viva y capaz de obrar prodigios y catástrofes, un monstruo que duerme bajo nuestros pies y del que las fumarolas que brotan de las grietas bien podrían ser su respiración. Al ver brotar el géiser en un entorno irreal de manantiales, fangos hirvientes y columnas de vapor, nos sentimos más humildes al tiempo que absorbemos algo del ambiente mágico de los cuentos y sagas vikingas, en las que todas las maravillas eran posibles.

2 comentarios:

Lórien dijo...

Me gustaría viajar a Islandia y ver un géiser, porque no es lo mismo verlo en la televisión que sentirlo "en vivo".

Me encantó la entrada, sobre todo el último párrafo.
Un saludo!

manuel dijo...

Ciertamente, este es uno de los casos en los que la televisión no puede sustituir a la experiencia real. Desconcierta el contemplar como algo que nuestra experiencia nos dice que debería estar quieto y estático, cobra de repente vida.